Nuestra asociada Berta Brusilovsky, presidenta de la Asociación para la Comprensión Fácil de Entornos y Edificios (ACFEE), arquitecta y experta en Accesibilidad Cognitiva, ha sido galardonada con un premio ‘Design for all Foundation International’ por su libro ‘Seguridad espacial cognitiva. Arquitectura: cerebro y mente’.

Pionera en el estudio de apoyos para crear espacios accesibles para todo el mundo, aplicando a la arquitectura cuestiones propias de la neurociencia  de la conducta  y neuropsicología, hablamos con Brusilovsky del premio, del libro y, sobre todo, de Accesibilidad Cognitiva.

–  ¿Qué significa para usted este reconocimiento?

Es un honor y un orgullo, porque organizaciones con una importante presencia de jurados internacionales han puesto en valor mi trabajo de diez años en accesibilidad cognitiva con un enfoque científico de neurociencia y arquitectura. Estoy muy agradecida.

– Háblenos de Accesibilidad cognitiva. ¿Qué es?

Accesibilidad cognitiva es, en el hábitat, el ‘Sistema espacial de apoyos’ para facilitar el desenvolvimiento de todas las personas en entornos y edificios. Ese sistema espacial de apoyos no es otra cosa que el diseño comprensible, teniendo en cuenta la organización y relaciones de formas, funciones y colores. Esto ha requerido por mi parte el desarrollo de un modelo que ha puesto las bases teóricas y experimentales del diseño comprensible.

Este ‘Sistema espacial de apoyos’ se materializa como un “conjunto de coordenadas espaciales” porque, una vez llevado a cabo el proyecto, permite que todas las personas puedan desenvolverse con autonomía en los diferentes espacios. Imagínese a la arquitectura como si fuera un GPS que dirige, orienta, direcciona a las personas sin necesidad de tecnología ni señales, solo el buen diseño de los escenarios espaciales.

– ¿Cómo afecta a nuestra calidad de vida la accesibilidad o inaccesibilidad cognitiva a nuestra calidad de vida?

Si no hay accesibilidad cognitiva en el hábitat hay que buscar otros medios o las personas deben resignarse a depender de otros o de la tecnología, que no siempre es compatible. Por ejemplo, personas con discapacidades intelectuales, mayores con o sin deterioro cognitivo, personas con TEA.

– Usted es arquitecta. ¿Cuándo empieza a interesarse por la accesibilidad cognitiva?

Hace ya 20 años, a finales del siglo pasado, cuando me dieron una beca Mapfre para trabajar en viviendas para personas con discapacidades intelectuales o del desarrollo.

«El cerebro tiene una arquitectura compleja y maravillosa desde donde sentimos, percibimos, conocemos, aprendemos, nos movemos y nos emocionamos»

– Imagino que ha necesitado formación paralela para poder investigar en este campo. ¿Cómo ha sido ese proceso?

Desde hace diez años investigo en aspectos sensoriales, de la percepción, cognitivos, motores y emocionales, pero este libro pertenece a un estadio superior, porque para escribirlo he tenido que profundizar en aspectos de neurociencia  de la conducta  y neuropsicología. Temas que, para una arquitecta, acostumbrada al diseño de espacios y a la ejecución de obras, ha sido bastante complejo. Pero considero que sin esos conocimientos hubiera escrito algo superficial y con escaso valor científico. Si sabes qué pasa en nuestro cerebro cuando nos movemos o experimentamos en el espacio, puedes pensar en que diseños pueden mejorar ese desenvolvimiento si aparecieran bloqueos en los impulsos nerviosos: casos de diversidad funcional, enfermedades, lesiones, o, sencillamente estrés que tanto limita a las personas. El cerebro tiene una arquitectura compleja y maravillosa desde donde sentimos, percibimos, conocemos, aprendemos, nos movemos y nos emocionamos.

– Usted está trabajando ya en espacios interiores. ¿Puede explicarnos qué tipo de actuaciones está implementando?

He trabajado mucho tiempo con personas con discapacidades intelectuales o del desarrollo y últimamente en equipamientos para adultos mayores con y sin deterioro cognitivo. También estoy abriendo un espacio de conocimientos muy interesante, diría fascinante, sobre arquitectura y trastorno del espectro autista, aun en desarrollo.

La imaginación del profesional debe enfocar los proyectos -lo que yo denomino escenarios espaciales- teniendo tiene en cuenta el conjunto de formas que perfectamente relacionadas entre sí, sean las más claras para  poder ser comprendidas, ser interpretadas; o que conjunto de colores son los que mejor se adaptan a cada caso, a cada grupo etario, a cada circunstancia.  No es igual la situación del adulto mayor cuya memoria falla y cuyos ojos están cansados que la infancia en edad escolar. Con respecto a las formas, un tema clave que no es fácil de explicar, lo puedo hacer con un ejemplo que es muy clarificador: hay procesos cerebrales afectados en mayores con deterioro cognitivo que requieren el diseño de formas que no le demanden excesivo esfuerzo de sus recursos de la percepción y cognitivos.

Mi mejor mensaje para explicarlo es un ejemplo:

  • Hay personas que tienen dificultades para identificar, reconocer e interpretar estímulos visuales.
  • El giro temporal inferior (zona inferior del lóbulo temporal) es responsable de reconocer formas geométricas y objetos: el daño en sus estructuras puede ocasionar problemas relacionados con la memoria semántica, encargada del reconocimiento del significado de los objetos, el vocabulario o el conocimiento de carácter general.
  • Esta zona, crucial para el desenvolvimiento espacial funcionaría con menos esfuerzo si colocamos volúmenes estratégicamente ubicados para diferenciar sectores y objetos en el espacio: formas utilitarias o licencias formales y estéticas claras disminuirían el esfuerzo de reconocer y de usar entornos, edificios y objetos (mobiliario).

– ¿Se ha creado desde cero algún edificio cognitivamente accesible?

No… porque lamentablemente la accesibilidad cognitiva no se estudia en las Escuelas de Arquitectura, y las organizaciones que pudieran interesarse en el desarrollo de proyectos de nueva planta siguen manteniendo sus esquemas tradicionales de diseño, tal vez porque es más fácil adaptarse a lo que hay, que arriesgarse a las novedades y a cometer errores en beneficio de la innovación.

– ¿En qué momento estamos? ¿Cuánto queda por hacer?

Sobre todo, abrir mentalidades para que se comprenda que el ser humano es diverso y muy rico en claves, para que se pueda aspirar a un diseño del hábitat diferente y mejor; porque toma al ser humano en su condición integral: como sistema nervioso global (SNH) en su accionar sensorial, de la precepción, cognitivo, motor y emocional.

– ¿Es más una cuestión de inversión o de voluntad?

Ambas, porque una apertura significa también compartir recursos y presencia internacional en espacios muy apetecibles no solo para impulsar conocimientos, que es lo que yo trato de hacer cuando me dan una oportunidad. Es posicionarse internacionalmente y formar parte de importantes equipos de investigación.

– ¿Qué puede hacer al respecto la sociedad civil?

Movilizarse y colaborar para que se superen las  barreras o impedimentos que se ponen al desarrollo de nuevos conocimientos, como los de neurociencia y arquitectura, que beneficiarán tanto a grupos vulnerables, todavía  muy dependientes de sus familias y de conceptos tradicionales en materia de arquitectura y hábitat en general.

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