CEDDD reclama más atención para las personas con trastornos mentales graves y una respuesta efectiva frente al estigma y la exclusión
Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, desde CEDDD queremos poner el foco en una realidad que continúa teniendo poca visibilidad: la de las personas que conviven con trastornos mentales graves y complejos y que todavía encuentran importantes barreras para su inclusión.
Cuando hablamos de salud mental, la conversación suele centrarse en la ansiedad o la depresión. Sin embargo, también existen realidades como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, el trastorno límite de la personalidad (TLP), el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y otros trastornos mentales graves. El impacto es significativo. Según los datos recogidos en el documento de CEDDD, alrededor de 27 millones de personas viven con esquizofrenia en el mundo y cerca de 36 millones con trastorno bipolar.
El estigma, otra barrera para la inclusión
A las dificultades asociadas a estos trastornos se suma el peso de los prejuicios. Todavía persisten falsas creencias que relacionan determinados diagnósticos con la peligrosidad o la incapacidad, contribuyendo a generar discriminación y exclusión.
Este estigma puede repercutir directamente en el acceso al empleo, la educación, la vivienda, las relaciones sociales y la atención sanitaria. Además, las personas con trastornos mentales graves presentan peores indicadores de salud física y pueden tener una esperanza de vida entre 10 y 20 años menor que la población general.
La inclusión debe ir más allá de la sensibilización
Desde CEDDD defendemos que hablar de inclusión implica ir más allá de las campañas de concienciación. Es necesario garantizar atención y tratamientos adecuados, apoyos efectivos, acompañamiento a las familias y oportunidades educativas, laborales y sociales en igualdad de condiciones.
Un diagnóstico no define a una persona ni debe determinar sus oportunidades o sus derechos.
Por ello, en el Día Mundial de la Salud Mental reivindicamos una sociedad capaz de comprender también aquellas realidades sobre las que todavía pesan el desconocimiento y los prejuicios.
Porque la verdadera inclusión comienza donde terminan los prejuicios.